Raclam toca fondo

Saturday, January 06, 2007

Raclam toca fondo

Raclam toca fondo
2007 llegando como nuevo. Me despierto un día cualquiera, enero del nuevo año. Me siento mal. Triste, realista al cien por cien. He soñado mi futuro, mi más cercano futuro. Y no me gusta nada. No soy tan estúpido ni tan ciego como para no dar la razón a mi amigo Murphy. Cuando las cosas van realmente mal, siempre pueden ir peor. Así que hago balance de este gran año pasado, y pienso en lo que viene. Este grandísimo año nuevo será el año en que mi abuela muera. Está por ver si su cabeza continuara guiando su cuerpo, o será al revés, pero se que sus días se cuentan por decenas. También será el año de mi abuelo, en el cuál su nuevo estado civil le guiará hacia la desaparición. Por seguir la progresión piramidal, mi madre llegará a culminar su depresión traumática, mi padre aguantará el ¿tipo?, y mi hermana correrá hacia urgencias. En fin. Más de lo mismo, elevado a alguna extraña potencia. Y mi gran e interesante vida. Mi culebrón particular, mi acumulación de locuras. Romperá el gran prototipo en medio de una explosión. Este será el año en que todo se aclare. Será el año en el que por fin encuentre la luz. Comprenderé que él estaba ahí hace mucho, mucho tiempo. Antes de aquel 4 de junio, antes de que las excusas fluyeran surgidas de la nada. Lo veré, después de que miles de almas protectoras y amables me avisen del peligro, con mis propios ojos. Y una vez más, sentiré el rayo cruzar mi pecho. Notaré la presión en mi cerebro y me regodearé en ella. Huiré; siempre hacia la dirección equivocada; maldiciendo. No a ella, ni siquiera a él. Sólo a mí. Por no haber sido un poco más hábil, por no coger el último tren hace ya demasiado tiempo. O por no haberle dejado ir hace mucho más. Ahora estaría jugando a las cartas de algún estúpido juego, con mi chaqueta roja de pana, y mi raya al medio. Supongo que eso no sería peor que mi estado actual. Nuevas realidades, nuevas metas. Algo siempre es mejor que nada, ¿no? Todo es igual ya, me preparo para lo que viene, y se que será mucho peor de lo que ni siquiera logro imaginar. ¿Cuánto tiempo llevo soñando? Ocho años, cinco,
¿dos? Eso ya es igual. Mi tiempo malgastado. Mi mente enferma recordando momentos únicos, que me niego una y otra vez. No pude estar ahí, no pude tocar el cielo y olvidarlo en medio de esta puta basura. Caigo de una grúa; 60 metros. Mis tobillos amarrados a una goma, el vacío me espera y yo salto en su búsqueda. Y cuando mis pies dejan de tocar la jaula, solo me repito, durante las décimas que dura mi caída: Laura, mi niña. Laura. Luego el tirón llega y me propulso hacia el cielo. Pero al cabo de unos segundos alguien me agarra, me pone en pie de nuevo. Ha sido genial, y sin embargo, se que hace mucho, mucho tiempo, era capaz de sentir algo así cada noche. Cuando te desnudaba a la luz de tus velas, cuando te llevaba en brazos a bañeras llenas de sales y de olores sublimes. Cuando eras mía, realmente mía, y por unos instantes, creía en dios, En el mío, en mi religión particular. Pero soy realista, eso se acabó, y todos los recuerdos del mundo no me ayudarán una puta mierda a superar todo lo que este año me depara con toda su mala hostia. En fin, que así sea. No me vencerás, puto bastardo. Me rendí hace tanto tiempo, que ni tú lo recuerdas. Me reiré en tu cara cuando la tierra caiga sobre mi fea cara. No me arrebatarás lo que no tengo. Y feliz año, panda de hijos de la gran puta.

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