Raclam toca fondo

Monday, July 31, 2006

Hablando Claro

Raclam toca fondo


Hablando claro

Es jodido ser un sabiondo gilipollas. Es duro, así como ser feo, egocéntrico, autocompasivo, y memo. Enano, narizotas, payaso, inculto, medio bizco. Todas mis cualidades, no necesariamente en ese orden, hacen de mi lo que soy ahora. Eso, años de creerme la historia que yo me contaba, y la vuelta de tuerca apurando el último trago. Como siempre, y no literalmente hablando. Pero a todo se acostumbra uno. A veces, incluso te sorprendes a ti mismo sonriendo sin saber porque. Con cara de estúpido, todo hay que decirlo. Pero sonriendo, con dos cojones. Otras, las más, te miras al espejo y lloras sin lágrimas. Intentas averiguar en tu puta cara que coño podrías haber hecho para cambiar todo esto. Para no cagarla una vez más. Para no conseguir lo que siempre has deseado. ¿Estar solo? Quizás. ¿Tener motivos para compadecerme? Eso ya no lo sé. Pero lo que si sé es que sea lo que sea lo que haya querido, me lo he ganado a pulso. Ya es hora de poner las cartas boca arriba. En tiempos gané dinero al maldito poker, cuando mi cara era aun más penosa que lo que es ahora. Igual por aquellos años no había perdido del todo la confianza en mi mismo, y todavía atisbaba un rumbo a seguir -aunque nunca lo hiciese-. Faroles, mi especialidad. Podía apostarme mis últimos billetes contra tíos que me doblaban la edad, con una puta pareja de cincos. O con nada, en absoluto. Recuerdo aquellos tipos, en timbas donde el chivas corría a litros, mirándome, riéndose en mi cara, cuando pedía un kalimotxo. Y luego otro, y otro, y otro… Mi cara, manteniendo y comunicando gran parte de la memez que hay en mi interior, se mantenía impasible. Decid lo que queráis a un tonto del culo. Insultadle, pegadle. Seguramente os pegará una paliza, pero comprobaréis que su registro de expresiones es escaso. Como el mío. Y cuando al cabo de dos horas yo había ganado más dinero del que ganaba en un mes trabajando, me levantaba (un día casi me matan por ello) y me iba. Otras veces, el farol era demasiado continuo, y perdía todo. Así se podría resumir el problema. Un farol demasiado largo. Creerme mi historia, fingir que no quedan salidas. Cuando siempre las hay. Agarrarme a una posibilidad entre cien, depositar mis únicas esperanzas en otros, en ella. En la mujer con mayúsculas. No se puede depositar en otra persona todas las esperanzas de salir adelante, de mejorar como persona, de ganar algún momento de lucidez. De felicidad. Es demasiada responsabilidad. Y la responsabilidad ahoga, sobre todo cuando es demasiada, e injusta. No puedo culparla a ella por mis errores, no puedo enfadarme con mi apoyo, con lo único que me ha salvado de mí. Mi peor enemigo. La entiendo, y la respeto. ¿Qué mas queda decir? Que estoy enfadado conmigo, y a la vez siento que he conseguido tocar techo. He tenido todo lo que he querido, y lo he destruido, a pulso. Quizás por decisión propia, porque siempre es mejor buscar culpables que admitir culpas propias. Pero hay cabezas, como la basura que llevo encima de mis huesudos hombros, que no descansan. Y cuando llevas un par de meses durmiendo tres horas diarias, cuando te empastillan, te quitan tus últimos vicios y tu sexo, el tiempo se dilata. Se hace eterno. Solo piensas, piensas y piensas. Tu cuerpo se tensa; las sienes golpeadas por sangre furiosa. Y la espalda. Un dolor continuo te atormenta, supongo que por la tensión acumulada. Pero nada es suficiente para la puta cabeza. Sigue ahí, tocándote los huevos. Sin parar ni un solo segundo. Y llegas, aunque no acabas de creerlo del todo, a una conclusión. El tiempo es tan relativo, que cuando lo comprendes te asusta. Que hay minutos más valiosos que meses. Que un puñado de momentos son más importantes que el resto de tu monótona y vacía vida. 25 años son nada. Pero es TU nada. Y eso es lo que queda al final del camino. Hacer balance, y asumir que no hay vuelta atrás. Que la inmensa mayoría de tu mierda la has atraído hacia ti, con paso vacilante, pero inexorable. Cientos de oportunidades tiradas por la borda. Ya está bien. Todas las personas somos iguales, yo daría otra oportunidad a cualquiera. Pero como digo Orwell unos son más iguales que otros, y yo lo acepto. Hay que aprender a vivir con la derrota, hay que saber aceptar tu propia mediocridad. Pero siempre con dignidad. Y yo soy incapaz de mirarme a los ojos en un espejo cinco segundos. Porque me avergüenza lo que veo, porque sé que tengo algo tan grande que no merezco. Y me aterra pensar en mi asombrosa capacidad de transmitir todo lo malo que hay en mí a las personas que mas quiero. La asfixié a ella, la maté en vida soportando el vacío que yo provocaba. ¿Qué pasaría si fuese capaz de transmitírselo a mis nuevos ojos? Nunca me lo perdonaría. Ni seré capaz de seguir un minuto mas con este farol durante diez años mantenido en pie, ante la más mínima duda de ello. Cogeré mis maletas, y me largaré de la película. Que paren este asunto, que yo me bajo aquí. Sin olvidar que saberse retirar a tiempo siempre es una victoria. Y eso, con lo que me rodea, es el último vestigio de dignidad que quedará de mi pequeña vida. Mi contribución a ese mundo mejor que nunca quise.

Raclam Dante 31-7-2006

Friday, July 28, 2006

Motivos

Raclam toca fondo

Motivos

Tengo una angustia en mi interior que no se como parar. Me tiemblan las manos, la cabeza me amartilla dejándome aniquilado. Y preguntas. Miles de ellas. Y ninguna respuesta, o al menos no las que yo quisiera. Esto ya se ha convertido en una cuenta atrás, sin posibilidad de retorno. Sé, hace mucho que lo intuí, que la situación y mis últimas neuronas, no tenían solución. Pero ahora ya lo noto hasta en el aire. Lo veo en cada libro, en cada película. En cada par de ojos que me mira, escudriñando mi mala cara. Ya no es cansancio lo que siento, sino angustia. Con mayúsculas. Es la sensación de esperar algo, que das como inevitable, pero que no acaba de llegar. Es impaciencia, es dolor. Es apagarme lentamente, o quemarme del todo. Y no depende de mí. Ya nada lo hace. Así estamos, aquí seguimos. Sin saber muy bien los motivos, o quizás pidiendo a gritos no encontrarlos.

Raclam Dante 28-7-2006

Monday, July 24, 2006

Volvone

Raclam toca fondo
VOLVONE

Estaba en el bar. Solo, pensando. Supongo que intentando recomponer los trozos que quedaban, respirando el aire a medias. Hablando con unos y con otros, sin que nada en ellos me produjera ningún tipo de sensación, salvo disimular el hastío. Y a la cuarta o quinta cerveza 0,0, apareció él. Metro ochenta y muchos, fuerte, camisa llena de sangre y pantalones de chándal a juego. Uno mas, compañero de otros años. Desde que lo vi
supe que la noche se complicaba por momentos. Y así fue.
-Joder, tío, ¿de donde coño sales así? Mi tono trataba de ser lo mas neutral posible, ciertas cabezas nunca sabes como van a reaccionar.
-Venimos de Asturias (su voz era la de un yonki, pasado de vueltas). Si no nos escoltan los malos, nos linchan.
-¿Cómo esta Manu? Miraba a su coche y veía a este último sin conocimiento.
-Ese hijoputa…se durmió en lo mejor. Un tonto del culo, viejo y gilipollas, no sabe en donde se ha metido. Le dije que se fuese, y me planto cara. No te jode.
Acabando la frase, tiro su copa de anís al suelo. En el bar de mis amigas. De mis psicólogas. Tenían varias cenas, y la gente se ponía nerviosa. Todos cuarentones, cincuentones, con la vida más que resuelta para acabar con la cara hecha polvo por un puto yonki. Intentaban salir, poco a poco, pero Isaac les apagaba las luces. Al principio, la típica borrachera graciosa, hasta el extremo. Luego, el verdadero Isaac tomó forma.
-Ponme una asturiana, señorita. Su voz se entrecortaba, pero su cuerpo y sus brazos no dejaban indiferente a nadie en aquel bar. Gema se estaba poniendo nerviosa.
-No te sirvo más, estas fatal. ¿No lo ves?
Yo mire a María de reojo, y la asentí. Le sirvió su copa, no si antes recoger un par de lindezas sobre ellas.
-A ver, tías, sino me servís, ateneos a las consecuencias. Isaac no se andaba por las ramas.
Yo sabía de qué iba aquello. Tenía mil amigos como aquel, pero con una diferencia. Todos eran unos bocazas, y pasados o no todo se quedaba en palabrería. Pero con él no.
-¡Eh!, no me jodas. Vamos a la puta terraza y me cuentas que coño ha pasado. ¿Vale? – le dije yo.
-Venga.
Y allí nos sentamos. El caso es que Isaac iba con Manu, y llevaban tres días de fiesta. Su maletero tenía 70 u 80 latas de cerveza. Y las papelas corrían por todos los sitos, hasta fundirlo todo.
Manu seguía dormido, y no se enteraba de nada. Yo no sabía que hacer. No quería que volviese a entrar en el bar, que Gema le contestase cualquier cosa, y que Isaac les partiera una luna de un sillazo. Yo lo había visto otras veces, en cierto modo, venía a la vuelta de historias como aquellas. Aunque saliese corriendo años atrás de todo aquello, hay cosas que no se olvidan.
-Tío, pero como coño estás así. Tienes la mano destrozada, joder. ¿Quieres que te lleve al hospital?
-Los cojones, quiero que me lleves a Asturias, están en fiestas tío. De puta madre. Ayer casi nos linchan. Los maderos nos sacaron. Flipas. –cada vez que pegaba un trago de anís y se quedaba callado, sus ojos se ponían mas vidriosos.
-¿Cómo coño os voy a llevar allí? Esa mano se te va a infectar. Y no te puedo dejar conducir como estas.
Eso afirmación viniendo de mi hacia un tío que podía tumbarme de un puñetazo, tenia su gracia.
-Venga, Raclam. No me jodas. Tú y yo también las liábamos hace años. ¿Que tienes que perder ya?
-No se trata de eso; joder, ni siquiera bebo ahora, tío.
Él se sonrío, apoyándose en la pared para poder levantarse. Se empezó a dirigir hacia el bar, con pasos inseguros. Yo le aguanté por el brazo, y él se giró en una décima de segundo, amenazante. Luego, como si comprendiese de pronto que era yo el que lo había cogido, su cara cambió.
-Sólo quiero tabaco, y nos piramos. Llévame a la Feve, y quédate mis llaves. Por favor, tío.
-Eso esta hecho. Sube al coche y te saco el tabaco.
Entre en el bar, apuré mi cerveza mientras sacaba el vicio para Isaac. Gema se me acercó y me hablo al oído.
-¿Qué coño estás haciendo? No quiero que te vayas con ese tío. ¿Quieres volver a empezar o que te pasa?
-No se trata de eso, no lo puedo dejar entrar, ni irse con el coche así. Me los llevo y enseguida vuelvo. Todo va bien.
Ella me miró, como siempre. Me sonrió y me dijo que tuviese mucho cuidado. Luego arranqué el coche de mi amigo, y nos fuimos hacia la estación. Yo iba nervioso, porque sabía que aquel coche llamaba mucho la atención, y que aquellos dos tíos llevaban droga encima como para montar su propia farmacia. Al menos no he bebido, pensé. Aunque sabía que si nos paraban, íbamos a acabar esposados. Y yo tratando de explicar a los malos con cara de imbécil que no tenía nada que ver en aquel puto asunto. Y en esa ocasión sería la verdad. Enseguida un olor familiar me llegó a la nariz. Joder, lo que me faltaba. Volvone.
-Eh, tío. No me jodas que estás haciendo base. ¿Qué coño hacéis fumando base?
Se os ha ido la cabeza del todo, coño.
Manu seguía inconsciente en el asiento del copiloto. Isaac saco el albal de la cartera, y un bic del suelo. Enseguida le pego fuego, y los crujidos comenzaron a oírse. Y luego, el olor. El olor a la coca base apestando el coche entero. Todo apestaba a cocaína. Y yo conduciendo, con aquellos dos colgados, cruzando la puta ciudad.
-Nos hemos fumado 4 gramos desde anoche. Si nos lo metemos, no nos dura a este drogata y a mí ni tres horas. -Isaac me miraba con la cara descompuesta. Su voz era la de un borracho y la de un yonki juntos, lo peor.
-Yo no se como podeis seguir ese ritmo. La vais a liar un día, de verdad.
-¿Qué coño importa eso? Yo no le tengo miedo a nada. Ostias, creo que voy a potar.
En cuanto dijo eso, apartó a Manu, abrió la puerta del coche ( era un dos puertas ), y se puso a vomitar, sin parar el coche. Con medio cuerpo fuera. Miré a ver si venían coches detrás, y como no. Había uno solo. La policía.
-¡Tío, entra al puto coche!, están los malos detrás coño.
-Que les den. Isaac seguía potando, agarrado con una mano al asiento y con el brazo libre colgando fuera del coche, con el bolígrafo en la mano, como si fuera una chuta. Y los maderos detrás. Bueno, se acabó, pensé yo. Hay que empezar a dar explicaciones. Él acabó de vomitar, se metió dentro sin cerrar la puerta, y se pudo a buscar la cocaína de la cartera. Yo cerré la puerta como pude.
-¡Que están los malos detrás, joder!, deja la puta farla.
-Les invito a unos tiros – Isaac se reía, tranquilamente-, o sino que me multen. Para la colección. Abrió la guantera, saco un fajo de multas y las tiró por la ventanilla. Yo miré por el espejo, esperando a que los pirulos de la policía se encendiesen. Pero, en lugar de eso, dieron el intermitente, se desviaron en un cruce, y se fueron. Yo no podía creerlo. Él se puso a darle a la plata, tan tranquilo. Ni siquiera miró a ver si seguían detrás nuestro. Y yo no conseguía parar de pensar. Ni siquiera sentí alivio cuando la policía se fue. Solo sorpresa. Estaba triste, porque recordaba otros tiempos que no estuvieron del todo bien. Porque pensaba en la lenta huida hacia delante, tirada a la basura. Ahora, todo ese tiempo después, sigo igual. Los años han pasado, y todavía sigo sin saber en que dirección girar. Nada cambia, sólo tu cabeza y tu cara reflejando el cansancio que sientes. Lo miré por el espejo, dando una calada más y recostándose en el asiento. Sabía la rabia que había en su interior, me sentía identificado en ella. Isaac decidió combatirla así; yo ya ni siquiera tengo un método. Y ya he perdido la esperanza de encontrar uno propio.
La noche continuó, conseguí llevarlo a un hospital. Isaac intentó pegar al médico porque le hizo daño con los cristales clavados en su mano, y a los guardias de seguridad cuando llegaron para sujetarle. Nos echaron y nos largamos de allí. Ya casi amanecía, y le volví a preguntar por milésima si quería irse a casa.
-Si, tío, llévame. Tengo que cargar el camión a las nueve. Se puso contra el cristal, con los ojos en blanco, y se durmió.
Conduje hasta su casa, y cuando llegué, intenté despertar a Manu. Cuando lo conseguí, éste me miró con cara de sorpresa, mientras me decía:
-Joder, Raclam. Cuanto tiempo sin verte, tío. ¿Dónde coño te has metido estos años?
-Ni puta idea, tío –le dije- ni puta idea.
Y lo peor del asunto es que no la tenía, en absoluto.

Raclam Dante. 24-7-2006

Thursday, July 20, 2006

Elsa

Raclam toca fondo


ELSA

Aquella fue una noche extraña. Él supo desde que comenzó, que no habría posibilidad de repetirla. El caso es que estaba en su casa, escuchando música, leyendo algo para despejar su enorme cabeza, dejando que las horas corriesen. Eso siempre se le dio bien. 30 años de buena vida, sin dar un puto palo al agua. Herencias de tíos que ni conocía, ni quiso conocer. Rentas de sitios que no era capaz de situar en un mapa. En fin, no era un tipo millonario, pero era capaz de vivir sin trabajar. ¿Alguien puede ser más rico? Luego, una llamada de teléfono. Elsa venía a verlo; y traía bebida. Ella era una amiga, una especie de aliada contra el bicho que comía su cabeza. Una pequeña ventana para respirar cuando el aire se enrarecía, pesando como el plomo. Sentía una mezcla de alegría y de tristeza. Y, por ello, se sintió bien. Algo siempre es mejor que nada, pensó él. Tristeza, alegría o cólera. Da igual, el caso es que algo pase por la cabeza, aunque ese algo sea mierda pura. En una hora, más o menos, ella estaba en su puerta. Alta, grandes ojos, y un cuerpo precioso. La gente siempre decía que ella tenía una simpatía que la desbordaba, y un carácter a prueba de estupideces que dicen los estúpidos. Y eso, en un trabajo como el suyo, era vital. Sino jamás hubiese aguantado ni un mes. Pero lo hizo, cuando nadie (o casi) apostaba por ella. Él además la veía hermosa. Le gustaban sus rasgos, su boca, sus ojos. Su voz, sus manos. Tenía tantas cosas que Elsa no veía en si misma, que le dolían. Y allí estaba en su puerta, a los dos de la mañana, un sábado como cualquier otro. Hasta ese momento.
- ¿Cómo estás?, le dijo ella al abrir la puerta
- Ahora bien. Ya tengo algo de compañía.
Se quedaron mirando unos segundos. No era ningún rollo romántico, ni una puta cita. Era mucho más. Dos personas compartiendo momentos que ambos sabían –la experiencia a veces enseña cosas que se quieren olvidar- eran únicos. El tiempo corría en su contra; de distintos modos.
-Vaya, me alegro de ayudarte. Ella se sentó en una butaca y saco las bebidas.
-Lo decía por los litros, ¿que te creías?
Elsa le hizo una mueca, y después de servir las copas, saco de su cartera cocaína e hizo un par de filas.
-Yo paso, no estoy en mis mejores momentos.
-¿Seguro? Haz lo que creas, yo no quiero invitarte a algo que no quieras tomar. Su cara estaba tranquila y relajada. Se sentía bien allí. Estaba como en su casa, y no había necesidad de amabilidades.
-Si, no quiero colocarme. Quiero llevarte a la cama, y tengo que estar en forma. Él sonreía, mirándola esnifar sus dos rayas.
-Seguro. Estamos tú y yo para mucha cama. Vas guapo. Bueno, ¿de que hablamos hoy?
-Quiero que me hables de ti, de cómo te ha ido todo. Te conozco hace más de un año, y se menos de ti que de mi vecino. Y estoy harto de oírme contar mi historia, de darte pena, o risa, lo que sea. Quiero que hoy sea yo el que te psicoanalice.
Jose se sentó en el sofá, sintiendo como el primer trago de los muchos que bebió aquella noche le reconfortaba su cuerpo. Y Elsa comenzó a contarle su historia. No era una vida fácil, y ella se lo ponía aun peor por su “ogro”.
-¿Qué es eso del ogro? No sabía que es lo que quería decir con aquello.
Ella le miró, con sus bellos ojos entristecidos por recuerdos que Jose nunca llegaría a conocer. Y se lo trató de explicar.
-El ogro es ese ser que te dice todo lo malo que hay en ti, todas las cosas que haces mal. Es la voz que te dice que te rindas, que no queda nada por lo que luchar. Es quién a mi me dice que estoy gorda, o que soy fea. Y a ti, bueno, ya lo sabes. Tu ogro es distinto al mío, aunque se parezcan.
Elsa volvió a sacar la farla y se volvió a poner. Se había puesto más triste, y él temió que llorase.
-Se lo que quieres decir, joder si lo se.
Era una conversación real, con alguien que entendía el porque del vacío de su cabeza. Del dolor, de la indiferencia. Levantarse cada mañana deseando ser cualquier otro. Otro peor, otra cara, otros ojos. Pero ese día nunca llegaba. Y ambos estaban demasiado cansados.
-Tu ogro miente. Tú no eres fea, ni estás gorda. Eres guapa, y tienes un cuerpo cojonudo. Y lo que piensen él, o cualquier otro, me la pela. Yo se que no es cierto.
-Ya, pues entonces el tuyo también. Tú no eres idiota, ni feo, y tienes talento. Aunque no tengas huevos para reconocértelo. Siempre es más fácil esconder la cabeza en tu cueva que salir a ver el mundo real. ¿No?
Eso le dolió, pero sabía que ella tenía razón. Le pego un largo trago a su botella, y se la quedó mirando fijamente.
-No me jodas que te has enfadado. Elsa lo miraba, con una media sonrisa.
-Ni siquiera te he escuchado, estaba pensando en como echarte de mi casa con amabilidad, solo eso.
Se echaron a reír. Su risa era diez mil veces más fresca que la de él. Eso le gustó. Y la noche fue pasando, entre alcohol, cocaína, secretos, y muchas tonterías por el estilo. Y amaneció, mientras ellos aun continuaban hablando.
-Oye, chavalca. Quédate a dormir, o aquí sentada. Pero si crees que te voy a dar esto – señaló las llaves de su coche- lo llevas jodido. Con lo que te has metido y la bebida, no conduces hoy, casi guapa. Y son las siete y media de la mañana. Tú decides.
-Claro que me quedo. ¿Creías que me iba a ir en mitad de la diversión?
Ella estaba cada vez más triste, pero seguía tratando de sonreír.
-Me voy a dar una ducha, estoy cansado. Acuéstate donde quieras, ¿vale?
La dio un abrazo y noto lagrimas en su cuello.
-¿Estás bien?
-Si; que no pasa nada. Es mi ogro.
Se miraron en silencio. Hay muchas cosas que el silencio explica mejor que las palabras, y ya no quedaba nada más que decir.
Jose se metió en la ducha, y cuando salió vio que ella estaba acostada en su cama. Se echó a su lado, mirándola a la cara. Ella se rió, y eso hizo que él olvidara por un momento su bicho. Sus cabezas estaban en la almohada, y sus caras separadas por un palmo de tela.
-Hueles a farla.
-Vaya, lo siento, dijo ella separándose.
-¿Pero que dices? Yo no he dicho que eso no me guste.
La atrajo hacia él, pensando mil cosas a la vez. La sintió cerca, viva. Quería abrazarla y dormir con ella 20 años. Quería besarla, y nada más. Pero no lo hizo. No pudo hacerlo. Algo en su maldita cabeza se lo impidió. Se quedaron medio dormidos una hora, y luego ella se levantó despacio, y se fue a la ducha. Jose la oyó y no dijo nada. Sabía que aquello, fuese lo que fuese, estaba acabando. Después, ella salió, y se sentó a su lado.
-Bueno, tengo que irme a trabajar. Ya sabes, la vida del currante, y todo eso.
-No quiero que te vayas.
-Ni yo irme, pero no me queda más remedio. Ella quiso levantarse pero el la sujetó.
-Deja ese trabajo; vente a vivir conmigo.
-Si, fijo. ¿Y de que viviría?
-Eso ya lo pensaremos. Pero no te vayas. Quiero que te quedes y que sigamos hablando otras mil horas. Me siento bien aquí, en esta cama. Por primera vez desde hace años, y sin sexo de por medio. No puedo pedir, ni dar más.
-Tengo que irme. Pásate esta noche por el trabajo, y hablamos. ¿Vale?
Elsa se levantó y se fue.
Y todo volvió a ser tristeza, rabia, remordimientos sin sentido. Aquella noche nunca se repitió. La vida volvió a darles otros golpes, y cada vez se distanciaron más. Luego, lo de siempre. Otra ciudad, otro trabajo. Alguna llamada. Todo se fue perdiendo. Pero los ogros continuaron su lucha y ellos sabían que habían perdido la batalla antes de comenzarla.
Dos años después Jose estaba en Madrid. Llegó un momento en que todo le agobió hasta hacerle salir corriendo. Y un día, dando un paseo, se encontró con Marta, una compañera de Elsa en aquel negocio. Se dieron dos besos, y se sentaron a tomar algo. Ella café, él ginebra. Hay cosas que nunca cambian. Y hablaron de lo de siempre, de que rápido pasa el tiempo, de donde estaría ahora toda esa gente. Jose la preguntó por Elsa, sonriendo. Hacía meses que no sabía nada de ella.
-¿Es que no lo sabes? La cara de Marta se puso pálida
Él pensó automáticamente, pero se negó. Tenía que preguntarlo, una sola vez más.
-¿Qué le ha pasado a Elsa?
-Joder, tío, creí que alguien te habría avisado. No me acordaba de tus manías con los teléfonos. No se como decírtelo.
-Hostias, dímelo de una puta vez.
La gente se volvió a mirarlos, Jose había gritado sin ser consciente de ello
-Se suicidó hace tres meses. Se cortó las venas.
Sabía que aquello iba a pasar, lo había pensado mil veces. Pero siempre se oponía a aquella idea. Ella no podía desaparecer. Aunque no la viese nunca, su presencia en cualquier lugar hacían sus días un poco más fáciles.
-Se acabó – dijo en voz alta.
-¿Qué quieres decir? Marta lo miraba de forma extraña.
-Que no puedo más, y… bueno. Es igual. Me ha alegrado verte, ya nos veremos. Jose se levantó y se perdió entre la masa de gente. Quería estar solo, recordar aquella noche, y dedicarla una buena borrachera. Y arrepentirse mil veces por no haberla besado; por no haber sido el primero en marcharse, en mitad de la diversión.

Raclam Dante. 20-7-6

Wednesday, July 05, 2006

A mi taza de porcelana, que se escurrió entre los dedos

Raclam toca fondo


Espero a mi psicóloga con las mismas esperanzas que tengo en el agua bendita. Urgente; decía el papel. 6 de junio, estaba todavía con “pequeños” ataques de pánico, de ansiedad, de agorafobia.
-Muy bien, aquí tiene su volante, preferente. – me dijo la tipa aquella sin mirarme a la cara, ¿o era un tipo?
Yo leí la fecha de la consulta. El 31 de julio, con dos cojones. Que hacer sino sonreír. Mientras, 50 mg de tranxilium diarios, antidepresivos, música para recordar aún más el dolor que me devoraba, y semanas de locura; atisbando el ¿horizonte?, por las rendijas de mi casa condenada; en la oscuridad. Dos meses por delante para conseguir una ayuda en la que ni siquiera confiaba. Aunque siempre esperas encontrar un tipo como Robin Williams en “El indomable Will Hounting”, al final siempre aparece una psiquiatra vieja, con cara de muy mala ostia, que te pregunta si quieres morir. Tú la miras a los ojos, y con toda la tranquilidad que puedes fingir respondes:
-Me de exactamente lo mismo. Yo ya estoy muerto.
-Estás hablando conmigo, ahora; yo no creo que estés muerto. Tienes 25 años, mil vidas por delante. – Su tono era más amenazante que tranquilizador, en serio-
Yo me quedé callado, mirándola a los ojos. Ella pensaba su próximo intento de acercamiento – aséptico e impersonal, como no-, y de repente, lo de siempre.
-¿Has pensado en el suicidio? Su cara reflejaba la misma expresividad que la de Steven Seagal.
-Si. –no me gusta andarme con las ramas, sólo tenía dos meses antes de mi consulta de psicología.
-¿Y no piensas en tu familia, en tu hija, a la que dejarías la peor de las herencias?
-Claro que pienso en ello. No como, no duermo; ¿que coño cree que hago? Pienso 24 horas al día. Y no lo voy ha hacer. Porque no puedo, porque soy un jugador, porque una mala mano, o unas cuantas; no me van hacer dejarlo. Porque saber ganar es difícil, pero cualquier idiota puede ser un buen perdedor. Yo soy su ejemplo. Del segundo caso. ¿No lee a Bukowski?
-Lo que yo lea no es de tu incumbencia. Entonces, ¿que quieres de mí? ¿Que esperas de esta consulta?
-No lo se, supongo que nada. Creo que si ya me he rendido, tus pastillitas rojas y blancas no me van a levantar. Pero siempre queda el factor sorpresa. Vengo aquí como el último truco. Para poner todo de mí parte. Todo lo que mi cabeza me permite, claro.
-No se que mas decirte; se riguroso con la medicación, no bebas alcohol, descansa, y el tiempo hará el resto.
Joder, pensé yo. Cinco o seis años de carrera, para aprender treinta o cuarenta fármacos y unas frases que me han repetido hasta la saciedad absolutamente todo el mundo. Y yo en una fábrica; coño, podría haber sido psiquiatra- pensé.
-Eso haré, señora. Hasta que usted me diga.
Ella ojeo su agenda. Seguía sin mirarme directamente a los ojos.
-Vuelve el 13 de julio, a ver como reaccionas a la medicación. Buenos días- dijo ella.
Que hija de puta. La acababa de contar media vida, lo que me había pasado, mi vida deshecha en cuestión de horas. Y me daba los buenos días. En fin, esta no es una gran historia, pero así es como sucedió. ¿Curarme? Con medicación y mi buena voluntad, seguro. ¿Qué coño importa ya? Donaría mi puto corazón a mi hija sin pensarlo un segundo; se lo daría a ELLA incluso. Y seguiré arrastrándome fuera de la cama, movido por los hilos de quién coño sabe, arruinándome un poco más. Y la verdad es que me importa cada vez menos. Que el tiempo pase, los recuerdos vuelen y, en cierto modo, pasar mi relación otra vez; adornada por mi mente enferma. Sólo recuerdo lo bueno, lo maravilloso que tuve. Quizás fue que los pequeños buenos momentos, siempre me compensaron los malos. Y ahora estoy viviendo uno de ellos. Cuando volví una noche a casa, de noche, de otro estúpido trabajo, quizás haga cuatro o cinco años. Agotado, sucio, cansado. Y su voz, sonando desde el fondo de nuestros cuarenta metros de vida, diciéndome:
-Ven a la cama, que estoy mala. No se que me pasa, pero me encuentro fatal. – María tenía la voz muy rara.
Yo corrí por nuestro “gran pasillo” de 4 metros y entre en la habitación. Y allí estaba ella, con un precioso body, sentada en la cama; sonriendo.
-Me has asustado, creí que estabas mala, de verdad.
-Pues ven aquí y cúrame tú- me dijo mientras avanzaba por la cama hacia mí.
-Dejame que me duche, y te curo lo que quieras.
-Nada de duchas, esto es una urgencia – me dijo sonriendo.
Yo estaba en el cielo. A veces, esos momentos son mejor incluso que lo que viene después. Pero aquella noche todo fue a la par, simplemente maravilloso.
Ella me cogio por la cintura, se puso de rodillas en la cama y me besó. Me empezó a desnudar, e hicimos el amor, despacio, sin prisas. Mirándonos a los ojos, besándonos, parando, siguiendo. Fue genial. Al final, todo cesó. Y mientras nuestras respiraciones recuperaban su ritmo normal, disfrutamos de nuestro silencio, mirando nuestro techo abollado como un viejo coche. La miré de reojo, y la vi sonreír, mientras se quedaba dormida. Yo me levanté muy despacio, me duché, y me acosté a su lado. La miré, con la luz que la luna nos regalaba por nuestra claraboya; desnuda, encima de la cama. Y supe que no había nada, ni nadie por lo que cambiaría aquel momento.
Los años has pasada; ella no volverá a desnudarme mientras me mira a los ojos. Pero una vez, o cientos quizás, lo hizo. Y eso nunca lo olvidaré. Eso es mi vida; no quiero nada más. Por eso sigo, y por los ojos que he creado. Nada más. Y acostarme cada noche en la ahora inmensa cama, volverme hacia su lado, besar su hueco en el colchón, y desearla buenas noches, princesa. Y desear con fuerza soñar con otro de esos recuerdos, y no despertar más. Pero las horas corren, y aquí seguimos. Hay imbécil para rato, y, aunque duela, se que lo peor está por llegar.

Raclam Dante 5-7-6

Para una taza de porcelana, que se me escurrió entre los dedos

Raclam toca fondo

Para TI, por el hoy, y por el ayer.

Espero a mi psicóloga con las mismas esperanzas que tengo en el agua bendita. Urgente; decía el papel. 6 de junio, estaba todavía con “pequeños” ataques de pánico, de ansiedad, de agorafobia.
-Muy bien, aquí tiene su volante, preferente. – me dijo la tipa aquella sin mirarme a la cara, ¿o era un tipo?
Yo leí la fecha de la consulta. El 31 de julio, con dos cojones. Que hacer sino sonreír. Mientras, 50 mg de tranxilium diarios, antidepresivos, música para recordar aún más el dolor que me devoraba, y semanas de locura; atisbando el ¿horizonte?, por las rendijas de mi casa condenada; en la oscuridad. Dos meses por delante para conseguir una ayuda en la que ni siquiera confiaba. Aunque siempre esperas encontrar un tipo como Robin Williams en “El indomable Will Hounting”, al final siempre aparece una psiquiatra vieja, con cara de muy mala ostia, que te pregunta si quieres morir. Tú la miras a los ojos, y con toda la tranquilidad que puedes fingir respondes:
-Me de exactamente lo mismo. Yo ya estoy muerto.
-Estás hablando conmigo, ahora; yo no creo que estés muerto. Tienes 25 años, mil vidas por delante. – Su tono era más amenazante que tranquilizador, en serio-
Yo me quedé callado, mirándola a los ojos. Ella pensaba su próximo intento de acercamiento – aséptico e impersonal, como no-, y de repente, lo de siempre.
-¿Has pensado en el suicidio? Su cara reflejaba la misma expresividad que la de Steven Seagal.
-Si. –no me gusta andarme con las ramas, sólo tenía dos meses antes de mi consulta de psicología.
-¿Y no piensas en tu familia, en tu hija, a la que dejarías la peor de las herencias?
-Claro que pienso en ello. No como, no duermo; ¿que coño cree que hago? Pienso 24 horas al día. Y no lo voy ha hacer. Porque no puedo, porque soy un jugador, porque una mala mano, o unas cuantas; no me van hacer dejarlo. Porque saber ganar es difícil, pero cualquier idiota puede ser un buen perdedor. Yo soy su ejemplo. Del segundo caso. ¿No lee a Bukowski?
-Lo que yo lea no es de tu incumbencia. Entonces, ¿que quieres de mí? ¿Que esperas de esta consulta?
-No lo se, supongo que nada. Creo que si ya me he rendido, tus pastillitas rojas y blancas no me van a levantar. Pero siempre queda el factor sorpresa. Vengo aquí como el último truco. Para poner todo de mí parte. Todo lo que mi cabeza me permite, claro.
-No se que mas decirte; se riguroso con la medicación, no bebas alcohol, descansa, y el tiempo hará el resto.
Joder, pensé yo. Cinco o seis años de carrera, para aprender treinta o cuarenta fármacos y unas frases que me han repetido hasta la saciedad absolutamente todo el mundo. Y yo en una fábrica; coño, podría haber sido psiquiatra- pensé.
-Eso haré, señora. Hasta que usted me diga.
Ella ojeo su agenda. Seguía sin mirarme directamente a los ojos.
-Vuelve el 13 de julio, a ver como reaccionas a la medicación. Buenos días- dijo ella.
Que hija de puta. La acababa de contar media vida, lo que me había pasado, mi vida deshecha en cuestión de horas. Y me daba los buenos días. En fin, esta no es una gran historia, pero así es como sucedió. ¿Curarme? Con medicación y mi buena voluntad, seguro. ¿Qué coño importa ya? Donaría mi puto corazón a mi hija sin pensarlo un segundo; se lo daría a ELLA incluso. Y seguiré arrastrándome fuera de la cama, movido por los hilos de quién coño sabe, arruinándome un poco más. Y la verdad es que me importa cada vez menos. Que el tiempo pase, los recuerdos vuelen y, en cierto modo, pasar mi relación otra vez; adornada por mi mente enferma. Sólo recuerdo lo bueno, lo maravilloso que tuve. Quizás fue que los pequeños buenos momentos, siempre me compensaron los malos. Y ahora estoy viviendo uno de ellos. Cuando volví una noche a casa, de noche, de otro estúpido trabajo, quizás haga cuatro o cinco años. Agotado, sucio, cansado. Y su voz, sonando desde el fondo de nuestros cuarenta metros de vida, diciéndome:
-Ven a la cama, que estoy mala. No se que me pasa, pero me encuentro fatal. – María tenía la voz muy rara.
Yo corrí por nuestro “gran pasillo” de 4 metros y entre en la habitación. Y allí estaba ella, con un precioso body, sentada en la cama; sonriendo.
-Me has asustado, creí que estabas mala, de verdad.
-Pues ven aquí y cúrame tú- me dijo mientras avanzaba por la cama hacia mí.
-Dejame que me duche, y te curo lo que quieras.
-Nada de duchas, esto es una urgencia – me dijo sonriendo.
Yo estaba en el cielo. A veces, esos momentos son mejor incluso que lo que viene después. Pero aquella noche todo fue a la par, simplemente maravilloso.
Ella me cogio por la cintura, se puso de rodillas en la cama y me besó. Me empezó a desnudar, e hicimos el amor, despacio, sin prisas. Mirándonos a los ojos, besándonos, parando, siguiendo. Fue genial. Al final, todo cesó. Y mientras nuestras respiraciones recuperaban su ritmo normal, disfrutamos de nuestro silencio, mirando nuestro techo abollado como un viejo coche. La miré de reojo, y la vi sonreír, mientras se quedaba dormida. Yo me levanté muy despacio, me duché, y me acosté a su lado. La miré, con la luz que la luna nos regalaba por nuestra claraboya; desnuda, encima de la cama. Y supe que no había nada, ni nadie por lo que cambiaría aquel momento.
Los años has pasada; ella no volverá a desnudarme mientras me mira a los ojos. Pero una vez, o cientos quizás, lo hizo. Y eso nunca lo olvidaré. Eso es mi vida; no quiero nada más. Por eso sigo, y por los ojos que he creado. Nada más. Y acostarme cada noche en la ahora inmensa cama, volverme hacia su lado, besar su hueco en el colchón, y desearla buenas noches, princesa. Y desear con fuerza soñar con otro de esos recuerdos, y no despertar más. Pero las horas corren, y aquí seguimos. Hay imbécil para rato, y, aunque duela, se que lo peor está por llegar.

Raclam Dante 5-7-6

Tuesday, July 04, 2006

Para Gema, y para los años que han volado

Raclam toca fondo



Te estoy esperando. Apenas si puedo recordar las noches que llevo sin sentirte cerca. Anhelo ese instante sublime de nuestro encuentro, de nuestra unión definitiva. Siento ese momento presente en cada uno de mis malditos movimientos; es insuflado en mis venas en cada latido de mí ser. Te siento cerca; quizás por eso se me haga tal larga la espera. No puedo ni quiero soportar esto un segundo más sin ti; pero silencio. Te oigo llegar. Oigo tu respiración, la siento en mi cuello. El momento soñado por fin ha llegado. Atrás han quedado mil lágrimas, mil sentimientos de rabia y frustración. Ahora todo empieza de nuevo. Mi alegría es tan fuerte que busco sin cesar un modo de apaciguarla. Siento como me llevas en tus brazos, la brisa de nuestro nuevo mundo acariciándonos las caras. Veo la Luna con renovado brillo, pero ella sigue siendo la misma. Yo estaba seguro. No podía traicionarme, sería demasiado cruel. Veo magníficos paisajes, y contemplo el Sol por última vez. Noche y día se hacen uno, y ¡¡ estoy volando!!. Grito lleno de júbilo, sobrevuelo el eterno cementerio que nutre mi alma. Ya todo ha acabado. El futuro deja de tener sentido, toda mi existencia es borrada de mi memoria. Ah! Por fin el viento es eterno, las ideas se aclaran y nada importa ya. Y al fondo te veo a ti, magnifica, espléndida, simplemente maravillosa. Ya no hay duda. Siempre supe lo que eras y cual era tu cometido. Tu sonrisa nostálgica me revela que lo has conseguido. Y por fin el horizonte se tiñe de ocre, de sabores dulces y pesados, de olor a muerte.
Mi noche ha llegado. Por fin lo bueno y lo malo dejan de existir, por fin mis sufrimientos acabaron. Contemplo desde mi inmejorable punto de vista como la luz se transforma en tinieblas.

Raclam Dante. Mediados de 1998

Monday, July 03, 2006

A mi teacher

Raclam toca fondo

A Enrique Urquijo, aunque esta no sea su voz

Nunca he sentido igual una derrota
que cuando ella me dijo se acabó
nunca creí tener mi vida rota
ahora estoy solo y arrastro mi dolor
Y mientras en la calle esta lloviendo
una tormenta hay en mi corazón
dame otra copa aún estoy sereno
quiero beber hasta perder el control
Cuantas noches soñé que te besaba
y en mis brazos llorabas por tu error
luego un ruido del bar me despertaba
y el que lloraba entonces era yo
Y mientras ella está con otro tipo
mis lágrimas se mezclan con alcohol
ella se fue por qué no me lo dijo
y siento que mi vida fracasó
Y mientras en la calle está lloviendo
una tormenta hay en mi corazón
dame otra copa aún estoy sereno
quiero beber hasta perder el control
Pd: Lo siento, Helena.

Sunday, July 02, 2006

Esperanzas

Raclam toca fondo


Esperanzas

Rendirse. Solo de eso soy capaz. De compadecerme, de llorar; sin lágrimas, como no. Y mirar al frente, sin ver absolutamente nada. Manos que me son tendidas son rechazadas, sin saber porque. No quiero estar bien, no quiero recuperar nada. Dormir, dormir y dormir. Y que el mundo corra. Recordar los buenos tiempos, recordar los malos. Soy más viejo que cualquiera de vosotros. Mi tiempo es tan relativo, que acojona. Pueden volar días, meses, o incluso años. Ya no hay ningún objetivo que perseguir; quizás nunca lo hubo. Pero los recuerdos siguen ahí. A veces, sonrío con nostalgia. Otras – las más- mi corazón late un poco menos fuerte, mi pecho se comprime y la angustia me lleva al lugar que tanto odio. A mi ser. A mi ¿alma? No quiero ser yo, me aburro de mi, cada segundo, cada hora. No tengo nada que aportaros a nadie, ni quiero aportármelo a mí. Tengo mucha gente querida, sobre todo mi niña, pero se que todo se pasa. Y, hablando claro, no creo que sea el padre perfecto. Yo trataría de ser informativo en todos mis errores, trataría de enseñarla el alcohol, las drogas, sin que ella se sintiera inclinada a dar el paso o ha aguantar la presión. Pero ya soy viejo, y mi cabeza se muere por momentos. ¿Y si acabara castigando a mi hija por llegar borracha con mi copa en la mano? Joder, he defendido el cinismo como arma frente a esta perra vida, pero no quiero ser un hijo de puta. Y siento miedo, más que nunca. Miedo de este vacío que me mata, miedo de la fuerza que sale de quien coño sabe, que me hace levantar cada mañana. Miedo de encontrarme a mi mismo, miedo de mirarme a los ojos. La simpleza puede ser buena, pero a veces duele. Y yo cada vez me tranquilizo más. Veo oportunidades perdidas, incluso veo otras que podrían llegar. Pero a éstas últimas no las hago demasiado caso. Supongo que si mi vida fuese lo que yo necesito y quiero, buscaría un motivo para joderla. Es una especie de círculo, y en el centro me tumbo yo. Mientras mis cientos de vidas pasan girando antes mis ojos. E incluso, por segundos, veo algunas que me atraen. Pero otras me destrozan las pocas esperanzas que me quedan. Digo pocas por engañarme un poco. Si admito que no queda nada, la decisión ya estaría tomada. Y tengo 9 kilos y medio de esperanzas; mi corazón y lo demás es secundario. ¿Autoestima? Supongo que la cambié por algún litro en aquel Tandy. No debes basar tu bienestar en nada, ni en nadie. Si lo haces, no eres más que un puto yonki. Y yo llevo así unos diez años. Primero con Marta, luego llego ella. LA MUJER. Entre medias cientos de litros de alcohol, algún tiro de vez en cuando y algún lío de faldas de vez en cuando. Supongo que para escapar de MI. De mi realidad; de hacer creer que era interesante, que mis historias eran divertidas. Para volcarme en algunas tías de las que la mayor parte no recuerdo ni su nombre. Para tener un par de horas de relajación mental. Nunca lo conseguí. Y aquí sigo, preguntándome por qué los muertos suelen ser los equivocados.

Saturday, July 01, 2006

Raclam toca fondo

Raclam toca fondo

Válvulas de emergencia

Sólo, en mi minúscula habitación. Miles de papeles, de discos, me rodean. Y los gritos de mi mente enloquecida. Vengo del bar, como siempre. Cerveza; quizás unas 20. Sin alcohol. ¿Adonde hemos llegado? Necesito otra válvula de escape, otro modo de no pensar. La medicina legal no funciona; la ilegal, prefiero dejarla a un lado. Tampoco me fue demasiado bien. ¿Qué coño hago ahora? Joder, estoy perdido, descentrado. Como siempre; y un poco más, Nunca sabes cual es el fondo, pero sientes, día, a día, que estas mas cerca. Y no lo consigues, por más que lo intentas, Llegar abajo, coger impulso y subir; o quedarte allí. Quizás no se esté tan mal allá abajo. Algo siempre es mejor que nada. Aunque ese algo sea malo, siempre será mejor que el vacío que absorve mis últimos delirios.

Raclam Dante 1-7-6