Raclam toca fondo

Monday, June 26, 2006

Recuerdos

Raclam toca fondo
Recuerdos

¿Como gritar en silencio? ¿Cómo llorar sin lágrimas? Intento explicármelo todo el tiempo, y no lo consigo. Pero es justo así como me siento. Mi cabeza está al límite, no puedo procesar más pensamientos, y cada vez empeora el asunto. Siento una tristeza mayor de la que puedo soportar. Y aquí sigo. El cuerpo es duro de cojones. Una vez bebí un litro de ginebra a palo seco en una hora; alguien dijo coma etílico. El caso es que me levante a las dos horas, empapado por la lluvia, lleno de barro y sin saber donde coño estaba. Cogí un taxi, y dormí mi borrachera diez horas. ¿Luego? Nada pasó. El asunto es que el aguante de las personas es mucho mayor de lo que ellas mismas piensan. Algunos creen que no pueden estar sin alcohol, otros sin farla, otros – los mas – creen no soportar la ausencia de su pareja. Y se puede, claro que se puede. El caso es mirar al frente y sonreír, y nunca, nunca, mirarse a los ojos. A los propios, me refiero. Si se observa atentamente se ve la farsa que en tu mente se desarrolla veloz, sigilosa. Ves a pequeños seres fingiendo ser tus drogas, tu sexo, tu mujer. Y los pequeños cabrones tienen tirachinas con los que se defienden de tus miradas indiscretas, pero ya es tarde. Has descubierto el engaño, tu propia trampa. Y el dolor vuelve, te atenaza, te impide respirar. ¿Luego? Nada pasa. Siempre se sigue adelante, o hacia atrás – en eso tengo experiencia- pero se sigue. Deseas un infarto, un accidente, algo que acabe con tu comedia, y nada llega. Siempre he tenido la sensación de que los muertos suelen ser los equivocados. ¿Por qué Michael Ende murió, agonizando, de un cáncer de estómago? ¿Por que no murió algún asesino, un puto violador, un pedófilo, la lista es tan grande.¿ Por que murió uno de mis mejores amigos con 21 años? Los últimos recuerdos de él son en su cama, casi ciego, sin poder moverse lo mas mínimo porque vomitaba si lo hacia. Luego, la unidad del dolor. Supongo que al menos probó la morfina, me estoy imaginando su sonrisa y sus ojos rasgados mientras el dolor cesaba por un pequeño espacio de tiempo, preguntando a las enfermeras como hacerse de un chute de eso cuando saliera de allí. Y lo sabía. Sabía que le quedaban días de vida. Jamás, ni una sola vez, ni cuando nos emborrachábamos juntos en la playa, ni cuando hablábamos de algo en serio; le oí quejarse ni una solo vez. Ni un ¿Por qué coño a mi? Nunca. Gente como esa movería este estúpido mundo, echándole huevos y aguantando el tipo. No cobardes y fracasados como yo, cuyo único merito es… bueno, alguno habrá. Supongo que beber no lo consideréis muy meritorio, pero durante muchos años he considerado que es lo que mejor se hacer. Ahora ya me he aburrido. Estoy solo, pero un SOLO con mayúsculas; que duele. Me encanta la soledad, siempre la he buscado. Pero ésta solo es reconfortante cuando lo elige uno. NO cuando te la imponen. Te puedes echar la culpa, puedes patalear todo lo que quieras. Estás muerto, amigo. Solo es cuestión de tiempo. Conozco muertos, hablo con ellos, bebí con ellos. Y lo sabían. Cuando solo queda vacío en el interior de alguien, ¿puede existir algo mas muerto que eso? A mi me queda mi dolor, y mi inmenso amor, por mi hermosa niña, y por mi preciosa novia. Se que ya no está, y que nunca volverá, pero a veces, mi inútil memoria me sorprende con recuerdos que antes simplemente habían desaparecido. Recuerdo una noche, en el 98. Yo llevaría encima tres o cuatro litros de sabe dios que, pero estaba sereno. Mi aguante, sabe dios porque, es legendario. Y ella, supongo que un par de copas. Llevaba un vestido negro, de terciopelo. Un vestido de noche, de película; de los que te fijas lo lleve quién lo lleve. Pero dentro estaba ella. Sus ojos brillantes, su pelo rizado. Su nariz, pequeña, hermosa, su pecho, su cuerpo perfecto. Siempre supe, desde que la ví por primera vez, que era la mujer de mis sueños. Al menos físicamente. Luego comprobé, sorprendido, que el resto era aun mejor. Yo estaba sentado en un banco, quizás hasta fuese mi cumpleaños. La rodeaba por su diminuta cintura, y la miraba a los ojos. Y sólo podía pensar en lo increíblemente guapa que podía ser. Entonces, ella me dijo:
- ¿Te gusta mi vestido? Su sonrisa iluminaba la noche, lo juro.
- Me encanta; nunca te había visto tan guapa. – respondí yo
Ella se puso seria, y yo adiviné su próxima pregunta:
- ¿Y yo te gusto… un poco?
La miré a los ojos, fijamente. Y la contesté
- No. Tú no. Pero el vestido es genial.
Pude ver en su cara como se entristecía, y se me partió el corazón. Yo no podía admitirme que lo que sentía por aquella tía era algo más que una atracción. Yo estaba enamorado de otra, o eso creía. Eso creí durante seis largos años.
Y aun así, aquella fue una noche maravillosa. No se quien besó a quién, pero recuerdo que mientras nos besábamos, mientras ella se sentaba en mis rodillas, yo sentía algo nuevo. No pensaba en nada. Ni en la otra mujer, ni en nada. Sólo en lo bien que besaba María. Y que lo que sentía, y no me quería admitir, iba en aumento. Y ahora, ocho años después, ella no está. Nunca la volveré a besar, nunca me dormiré con ella pagada a mi pecho. Eso es lo único que tenía, y ahora está muerto. ¿ Que sentido tiene esto? Llévame contigo, David, supongo que si hay algún lugar por ahí, habrá algún súper para pillarnos unos litros, unos bocadillos, y reírnos del mundo. No puedo hacerlo voluntariamente, ni lo voy a intentar, pero estés donde estés, amigo, que sepas que no olvido cientos de detalles de lo que vivimos, y que me reuniría contigo hoy mismo. Simplemente, me he rendido. Lo demás, creo, caerá por su propio peso.

Raclam Dante 26-6-6

Sunday, June 25, 2006

Cuando no abrí los ojos

Raclam toca fondo


Aquí seguimos, mis amigos los menos. Tomando mirtazapinas a cucharadas, escuchando a Bad Religion a las cinco de la madrugada, muriéndome por un puto trago; por un puto lo que sea. El caso es no pensar, aniquilar sin compasión la maldita voz que taladra mi cabeza, como un puta martillo neumático. En fin, no se puede luchar contra uno mismo. Siempre se pierde antes de comenzar la lucha. Y hacer de la tristeza un modo de vida, de mirar al frente y sonreír con cinismo. ¿Que otra cosa hacer? Fingir que me curo, fingir que el bicho de la enfermedad me dejó, aburrido? Si fuera tan fácil, ¿quien coño dudaría? Seguiremos informando, con puntualidad neurótica. Acaso finjáis no pillar la sutil ironía.

Raclam Dante 13-4-6

Raclam toca fondo: Raclam toca fondo

Raclam toca fondo

Raclam toca fondo
Su voz

Oigo su voz, pienso en su piel. En su olor. En su perfume. Y ella esta a mil kilómetros de distancia, donde nuestras sonrisas se cruzaron, quizás en aquel banco del que nos desalojó la policía. Pero María no esta. Sigue en mi cabeza, en recuerdos que creía olvidados, y que ahora vuelven como incisivos cortes en mi cerebro. Siento que muero cada día, siento que muero cada noche. Y nada ocurre. Todo sigue igual, o incluso peor. El tiempo pasa, y ella sigue alejándose. Admito su ausencia, no culpo a nadie, ni maldigo a vuestro dios. Solo me maldigo a mí. Por no ser lo suficiente, por tener esta puta cabeza que no me deja descansar. Que me agota y me deprime. Siento haber transmitido parte de toda esa mierda en su cabeza, siento que he ahogado a una persona alegre y que la he sumido en una parte de mi hondo pozo. Se que hice cosas bien, pero las malas supongo que fueron bastantes más. No puedo hacer nada. Esto es algo tan duro de aceptar que no logro hacerlo. No me emborracho, solo pienso, recuerdo, leo en mis notas 8 años de mi vida. Y no me gusta nada lo que veo. Siempre la misma mierda de siempre, siempre lamentándome por esto o aquello. Pero, mis queridos menos, ahora tengo un motivo. Él motivo que quizás yo mismo he buscado y ganado a pulso. Para autocompadecerme, para autodestruirme. Para suicidarme de una maldita vez. Con mi método lento, pero seguro.
Tengo 25 años. Mil vidas por vivir. Ese es el problema. Yo ya he tenido una vida. ¿Corta?; yo no lo creo. He vivido lo que he querido vivir. He tenido a una mujer maravillosa; la luna palidece aun más al contemplarla. He dejado un legado a este mundo estúpido y cruel. Una niña llena de vida, con unos ojos tan grandes que me dan ganas de llorar cuando los miro. Pero no puedo hacerlo. Algo en mi retiene mis lagrimas; cada vez estoy más y más tranquilo. Se que ya queda menos para tocar fondo. ¿ Y después? Eso no lo he pensado aun. No voy a suicidarme, por tentadora que suene la idea. No voy a hacerlo por mi hija, porque no quiero dejarle la idea de un padre loco. Quiero que ella me conozca, que ella sepa que hay locos cuerdos que abren demasiado los ojos al resto del mundo. Pero me aterra pensar que los suyos sean unos de ellos.

Raclam Dante 25-6-6

Raclam toca fondo

Raclam toca fondo
Su voz

Oigo su voz, pienso en su piel. En su olor. En su perfume. Y ella esta a mil kilómetros de distancia, donde nuestras sonrisas se cruzaron, quizás en aquel banco del que nos desalojó la policía. Pero María no esta. Sigue en mi cabeza, en recuerdos que creía olvidados, y que ahora vuelven como incisivos cortes en mi cerebro. Siento que muero cada día, siento que muero cada noche. Y nada ocurre. Todo sigue igual, o incluso peor. El tiempo pasa, y ella sigue alejándose. Admito su ausencia, no culpo a nadie, ni maldigo a vuestro dios. Solo me maldigo a mí. Por no ser lo suficiente, por tener esta puta cabeza que no me deja descansar. Que me agota y me deprime. Siento haber transmitido parte de toda esa mierda en su cabeza, siento que he ahogado a una persona alegre y que la he sumido en una parte de mi hondo pozo. Se que hice cosas bien, pero las malas supongo que fueron bastantes más. No puedo hacer nada. Esto es algo tan duro de aceptar que no logro hacerlo. No me emborracho, solo pienso, recuerdo, leo en mis notas 8 años de mi vida. Y no me gusta nada lo que veo. Siempre la misma mierda de siempre, siempre lamentándome por esto o aquello. Pero, mis queridos menos, ahora tengo un motivo. Él motivo que quizás yo mismo he buscado y ganado a pulso. Para autocompadecerme, para autodestruirme. Para suicidarme de una maldita vez. Con mi método lento, pero seguro.
Tengo 25 años. Mil vidas por vivir. Ese es el problema. Yo ya he tenido una vida. ¿Corta?; yo no lo creo. He vivido lo que he querido vivir. He tenido a una mujer maravillosa; la luna palidece aun más al contemplarla. He dejado un legado a este mundo estúpido y cruel. Una niña llena de vida, con unos ojos tan grandes que me dan ganas de llorar cuando los miro. Pero no puedo hacerlo. Algo en mi retiene mis lagrimas, cada vez estoy más y más tranquilo. Se que ya queda menos para tocar fondo. ¿ Y después? Eso no lo he pensado aun. No voy a suicidarme, por tentadora que suene la idea. No voy a hacerlo por mi hija, porque no quiero dejarle la idea de un padre loco. Quiero que ella me conozca, que ella sepa que hay locos cuerdos que abren demasiado los ojos al resto del mundo. Pero me aterra pensar que los suyos sean unos de ellos.

Raclam Dante 25-6-6

Saturday, June 24, 2006

Tragos



Tragos

Gritar al puto mundo lo que siento, quemar mi frustración con una puta guerra nuclear. Tengo rabia, tengo tristeza, y nada más. Y me muero por un trago. Por un puto trago. Me chutaría si tuviese con que. No se puede bajar más, me digo entre dientes. Pero se puede. Joder si se puede. Estoy harto, harto, harto. Pedid a vuestro dios por un infarto, un cáncer, lo que os de la puta gana. Pero quiero largarme de aquí. No puedo seguir, no puedo acabar. NO DEBO acabar. Sino quizás ya no estuviese aquí. Y el caso es que, mirtazapinas y tranxilium aparte, me voy a un bar. A El bar. La misma gente de siempre, putas, borrachos, gente buena, y gente mala. Mi gente. Al menos, algunas. Me siento en mi sitio habitual y pido una jarra.
- ¿De que la quieres, Raclam ?
- No me jodas, Isa. Sabes que siempre soy fiel, y eso incluye al kalimotxo.
- No deberías beber tanto con tu medicación. – me dijo ella mirándome, a través de sus grandes ojos
- Quizás no debiera medicarme tanto, doña Isabel.
Eso la jodía mogollón, pero yo quería aquel puto trago. Y cuando ella se enfadaba, te servía a la velocidad de la luz.
- Sabes que no puedes dejar esas pastillas. Te volverías otra vez un estúpido amargado, y un poco gilipollas. Si me lo permites.
- Esas cualidades me venían de serie- dije después del primer y largo trago de la noche. Joder, podía sentir el bienestar corriendo por mis venas.
- Además, la medicación no sirve de nada. Estoy convencido. –dije yo.
- ¿Y por que crees eso?
- Porque es un cambio muy estúpido. ¿Cambiarías tú el arco por las flechas?
- No entiendo lo que quieres decir, Raclam. Vuelves a estar muy raro
- Nada, olvídalo. Pero ponme otra, y tomate algo conmigo. No es bueno beber solo, ¿no?
Por primera vez desde que entré en el bar, me sonrió. Me sirvió mi jarra y se puso otra para ella. Adoraba a esa mujer.
En ese momento de semi-tranquilidad, cuando mi cerebro dejaba aparcado la obsesión por un pequeño instante, unos de los habituales, uno de los subnormales habituales, se me acercó y me dio con su maldito dedo en mis huesudos hombros. Odio que me hagan eso.
- ¿Qué tal Raclam? Oí lo de tu novia, lo siento tío.
- Así es la vida, amigo. Tomate un trago, yo invito. Estoy forrado.
- Pues eso no es lo que yo he oído. Me han dicho que te ha dejado sin nada, y que ya debe estar follándose a otro. Quizás en un hotel que paguen con tu dinero.
- Bueno, amigo. Ya han pasado 20 días. El luto normal, ¿no? Que le vamos a hacer.
Las ganas de estrellar la jarra en la cara del gilipollas iban en aumento. Cuando acabase de beberla, por supuesto.
-¿Y por que coño te dejo? Parecía que todo os iba bien, ¿será por otro?
No lo se, colega. Yo pienso que el problema es mi poya. – Yo levantaba el tono por momentos, y la gente ya estaba más pendiente de nuestra ¿conversación?, que de las suyas.
-No jodas que no se te levanta. ¡ Tienes 25 años, coño ¡
Isa se estaba poniendo nerviosa. Sabia que yo no era violento, pero si irónico. Y determinadas cabezas no acaban de sintetizar mi sentido del humor. Y ella pasaba de líos. Le entendía, pero ya no podía parar. Estaba en vena.
-Pues la verdad es que el tema es que creo que la tengo demasiado grande. Siempre que follábamos, se quejaba de que sentía mas daño que placer.
- Quizás su coñito sea demasiado pequeño, ¿no? –me soltó aquello sonriéndome con se cara de memo.
- Pues si te digo la verdad, mi querido Fito, es que yo sopese largamente el problema. Pero al final surgió un hecho que me hizo ver que ese no era el problema.
- ¿Si, el que tío?
- Pues que cuando me follo a tu mujer me pasa lo mismo. Ella siempre se queja de que la tengo demasiado grande.
El mamón de turno – con fama de carnudo - se puso todo lo rojo que alguien se puede poner. La gente se reía, a escondidas, o abiertamente. A la mayoría de aquellos tipos y de las damas se la sudaba lo que los demás pensaran de ellos.
Yo veía en los ojos del tipo lo que pensaba. Tenía ojos bobalicones, pero transparentes. Sabia que estaba sopesando darme un par de hostias, o reírme la broma. Y bueno, a decir verdad el tendría unos 40 años, y me sacaría unos 30 kilos. Pero él me conocía. Sabía que yo no tenía nada que perder, o que, si quedaba algo, deseaba perderlo. Así que se decidió.
-Puto cabrón borracho, siempre estas con tus chorradas. Un día tendrás un problema.- me dijo sonriendo. Su sonrisa era más falsa que mi libro azul de alcohólicos anónimos.
-Ya me conoces, me gustan los problemas, sino me aburro. Y odio el aburrimiento. ¿Salimos a discutir nuestro pequeño dilema, o quieres seguir aquí mirándome a los ojos media puta noche?
Yo apuré mi jarra, y le sonreí. El se quedo callado unos segundos, y la gente del bar también. La camarera agarro mi jarra, pero yo no la solté. Uno nunca sabe con que te va a salir un tonto del culo como aquel. Ella estaba realmente nerviosa. Eso me daba pena, de verdad. Pero al final, lo de siempre.
-No cambiarás nunca, cabrón. Isa, ponle otra jarra a este borrachuzo, que yo invito. No hay ningún problema, Raclam. Ninguno.
-Eso está bien, me encanta la tranquilidad. Ya seguiremos esta conversación mañana, hoy no estoy con mi mejor humor. Ya sabes, lo de que te dejen, que te quiten a tu hija. Lo típico.
-Ok, amigo. Ya hablaremos. Y salud.
Brindé con el mí recién rellenada jarra, y se fue a tomar por culo en su coche. Después de pagar MÍ copa. Al menos, tenía palabra.
-Lo siento, Isa, de verdad que lo siento.
-No puedes hacerme esto mas, no quiero problemas aquí. Eso tío es un tonto del culo, pero me deja mucho dinero aquí. No quiero que no vuelva por miedo a que lo rompas una jarra en su fea cara.
-Lo se, de verdad que no volverá a pasar. ¿Amigos? – le dije sonriendo.
Ella me miró, seguía sería, pero enseguida me devolvió la sonrisa.
-No se que coño hacer contigo, - me dijo dando un sorbo a su jarra. Si echarte a patadas, o meterte en mi cama.
-Me echarías a patadas de todos modos. De tu bar, o de tu cama.
-¿Quién sabe? Los flacuchos borrachos suelen saber manejarse con las mujeres.
Yo la miré. Por última vez aquella noche. Solo podía pensar en María, siempre estaba en mi cabeza. La camarera me encantaba, me caía bien, me reía con ella, me tajaba con ella. Pero no era María. Y no podría serlo nunca. Cogí mi bote de tranxilium y me comí un par de ellas. Apure el último trago, y me despedí. Ella se quedo sorprendida, pero sabía cual era mi problema. Y que eso no iba a cambiar, ni ahora, ni nunca. No echéis nunca una mano a quienes no os la quiera coger. ¿Y sabéis que? Desde el fondo las cosas se difuminan, cogen menos brillo, pero aun así están ahí. Y tú las contemplas, desde tu pedestal hundido mil metros bajo el mar. Y te ríes, escuchando tu propia risa. Pero no te gusta nada, nada, lo que oyes.

Raclam Dante. 23-6-6