Raclam toca fondo

Monday, September 25, 2006

Raclam toca fondo

Raclam toca fondo

Cartagena, 5 de marzo de 2023

Hola Marcela. Supongo que lo primero que habrás hecho al recibir esta carta, es mirar el remitente. Me imagino tu cara de desconcierto al no tener ni idea de quién te escribe, sobre todo con un nombre como el mío. Tu no me conoces, pero yo a ti si. Bueno, al menos cuando levantabas unos palmos del suelo. Y ya ves, hoy haces 18 años. Felicidades. No se si es bueno ser mayor de edad, pero el caso es que lo eres. Para mi eso significa que puedes seguir haciendo todas las cosas malas que ya hacías, sin que denuncien a los bares. En fin, me estoy liando. Te escribo esta carta, principalmente, porque me comprometí a ello hace muchos años. Es una carta compromiso, y dura de escribir. Muy, muy dura. Pero he de contarte una historia. Para que sepas la verdad, de una puta vez. Yo fui amigo de tu padre, durante muchos años. Lo conocí antes de tocar fondo, mucho antes de que se le apagaran los ojos. Lo conocí cuando era un hombre. El me contó ante la barra de un bar, como no, que estaba pensando tener un hijo. Me dijo la ilusión y el miedo que le daba, y que lo iba a intentar. Quiero dejar algo en este mundo, algo que merezca la pena, quiero explicarla los mil horrores que he visto, para que sepa todo lo malo que hay en este gran basurero lleno de hijos de puta. Todo eso me dijo, creo que más o menos con esas palabras, hace casi 20 años. Y luego llegaste tú. Con esos ojos, como los suyos, y tan guapa como tu madre. Pero él ya estaba herido, la maldita tristeza, siempre la jodida tristeza comiéndole las entrañas. Yo, con cincuenta años, ya ves tú, he visto odio en todas partes. Desmesurado. Pero nunca he visto tanto y tan concentrado como el que Raclam sentía hacia si mismo. Y encontró un método para hacerse daño, lento pero seguro. El alcohol. Empezó más o menos con quince años. Una de sus mejores amigas lo definió mejor que nadie en una frase. Me dijo, hace ya algunos años, que cuando todos los amigos bebían para emborracharse, Raclam lo hacia porque le gustaba. Y mucho. Luego llegaron las mujeres, y por fin, tu madre. Ella lo rescató un poco de si mismo, y vinieron buenos años. Con grandes malas rachas, con menos alcohol, y con la tristeza un poco diluida. Pero siguió ahí, latente, esperando el más mínimo resquicio para colarse en su cabeza. Yo; aunque es una opinión personal y totalmente subjetiva; creo que tu madre lo dejó por eso. Porque a mi, como amigo, me asfixiaba. Me dolía verlo así, y no podía hacer nada. Un día lo ví vomitar sangre, y cuando buscó a tientas algo, le tendí una toalla. El me miró, con los ojos vidriosos, me sonrió a duras penas, y cogió lo que estaba buscando. Su cerveza. Creo que ese día comprendí que ya no había solución. Eso fue después de que tu madre se fuese, después de que el odio lo invadió por completo. Siempre, y esto te lo juro por lo que mas quieras, te quiso y te trató bien. Nunca bebía cuando estabas con él, y lo único de lo que se sintió orgulloso, fue de ti. Si alguien te ha descrito a tu padre como un borracho, es cierto. Lo fue. Pero no era mala persona, y yo se porque bebía, aparte de lo obvio. Bebía porque no tuvo valor para enfrentarse a la vida, porque no supo, ni quiso aprender, a aguantar el tipo. Porque no tenía el valor para suicidarse. Y lo que estaba haciendo era justo eso, pero con tiempo. Era una venganza lenta, fría y cruel. Hacia si mismo. Lo pasó tan mal como no creo, espero, que llegues a ver nunca. Pero cuando peor estaba, cuando estaba un día entero bebiendo sin parar y el estomago decía basta, cuando se retorcía tirado en el suelo como una puta escoria, decía siempre la misma frase: Nadie dijo que esto fuese fácil. No lo fue. Antes de que su páncreas dijese basta, acabo con todo. Vendió su coche, vendió su casa, lo despidieron. Y se bebió absolutamente todo. Al final, cuando tú tenías tres años, la botella bebía de él, y no al contrario. Hizo testamento, te llevo un día al zoo, y te dijo adiós, princesa. Sabía lo del cáncer, pero no se lo dijo a nadie. Una semana después murió en la cama. Yo lo fui a buscar una noche y nadie abrió su puerta en la pensión. Supe que todo se había acabado. A su entierro fue mucha gente. Dejó escrito, como última voluntad, que cuando lo metieses al hoyo, a otro menos profundo que en el que estuvo 13 años, sonara “Angel eyes”, de Sting. Nada de misas ni rollos; era un ateo convencido. Y así fue. Tú estabas allí, con tus ojos grandes grandes llenos de lágrimas. Y se acabó todo. La historia no es muy buena, ni esta demasiado bien contada, pero es la verdad. Lo de que te escriba precisamente en tu cumpleaños no era parte del compromiso, es casi una casualidad. Pero días antes de morir, él me llamó y me pidió algo. Me dijo que si llegaba el día en que el bicho te comiera como le pasó a él, te explicara todo. Y eso es lo que he hecho. Se que bebes, me lo han dicho amigos comunes. Se que, para tu desgracia, lo haces con talento. Y dedicación. También se que te escudas en que tu padre fue un borracho, una vida dura y todos esos rollos. Muy bien, pero a mi no me vas a engañar. Vengo a la vuelta de todo esto. No creo que el ser alcohólico se herede, pero he comprobado que la cobardía si. Porque eso es lo que eres. Una cobarde, y una imbécil. Como lo fue tu padre. Y como despedida te voy a decir la única pregunta que tu padre me dijo que te hiciese: ¿Que canción quieres tú?
Un beso, y cuídate. Aunque se que no lo harás.

2 Comments:

At 8:33 AM, Blogger Miada said...

Yo confio en lo contrario...

Un beso.

 
At 11:05 PM, Blogger travisingals40581120 said...

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