Raclam toca fondo

Monday, July 24, 2006

Volvone

Raclam toca fondo
VOLVONE

Estaba en el bar. Solo, pensando. Supongo que intentando recomponer los trozos que quedaban, respirando el aire a medias. Hablando con unos y con otros, sin que nada en ellos me produjera ningún tipo de sensación, salvo disimular el hastío. Y a la cuarta o quinta cerveza 0,0, apareció él. Metro ochenta y muchos, fuerte, camisa llena de sangre y pantalones de chándal a juego. Uno mas, compañero de otros años. Desde que lo vi
supe que la noche se complicaba por momentos. Y así fue.
-Joder, tío, ¿de donde coño sales así? Mi tono trataba de ser lo mas neutral posible, ciertas cabezas nunca sabes como van a reaccionar.
-Venimos de Asturias (su voz era la de un yonki, pasado de vueltas). Si no nos escoltan los malos, nos linchan.
-¿Cómo esta Manu? Miraba a su coche y veía a este último sin conocimiento.
-Ese hijoputa…se durmió en lo mejor. Un tonto del culo, viejo y gilipollas, no sabe en donde se ha metido. Le dije que se fuese, y me planto cara. No te jode.
Acabando la frase, tiro su copa de anís al suelo. En el bar de mis amigas. De mis psicólogas. Tenían varias cenas, y la gente se ponía nerviosa. Todos cuarentones, cincuentones, con la vida más que resuelta para acabar con la cara hecha polvo por un puto yonki. Intentaban salir, poco a poco, pero Isaac les apagaba las luces. Al principio, la típica borrachera graciosa, hasta el extremo. Luego, el verdadero Isaac tomó forma.
-Ponme una asturiana, señorita. Su voz se entrecortaba, pero su cuerpo y sus brazos no dejaban indiferente a nadie en aquel bar. Gema se estaba poniendo nerviosa.
-No te sirvo más, estas fatal. ¿No lo ves?
Yo mire a María de reojo, y la asentí. Le sirvió su copa, no si antes recoger un par de lindezas sobre ellas.
-A ver, tías, sino me servís, ateneos a las consecuencias. Isaac no se andaba por las ramas.
Yo sabía de qué iba aquello. Tenía mil amigos como aquel, pero con una diferencia. Todos eran unos bocazas, y pasados o no todo se quedaba en palabrería. Pero con él no.
-¡Eh!, no me jodas. Vamos a la puta terraza y me cuentas que coño ha pasado. ¿Vale? – le dije yo.
-Venga.
Y allí nos sentamos. El caso es que Isaac iba con Manu, y llevaban tres días de fiesta. Su maletero tenía 70 u 80 latas de cerveza. Y las papelas corrían por todos los sitos, hasta fundirlo todo.
Manu seguía dormido, y no se enteraba de nada. Yo no sabía que hacer. No quería que volviese a entrar en el bar, que Gema le contestase cualquier cosa, y que Isaac les partiera una luna de un sillazo. Yo lo había visto otras veces, en cierto modo, venía a la vuelta de historias como aquellas. Aunque saliese corriendo años atrás de todo aquello, hay cosas que no se olvidan.
-Tío, pero como coño estás así. Tienes la mano destrozada, joder. ¿Quieres que te lleve al hospital?
-Los cojones, quiero que me lleves a Asturias, están en fiestas tío. De puta madre. Ayer casi nos linchan. Los maderos nos sacaron. Flipas. –cada vez que pegaba un trago de anís y se quedaba callado, sus ojos se ponían mas vidriosos.
-¿Cómo coño os voy a llevar allí? Esa mano se te va a infectar. Y no te puedo dejar conducir como estas.
Eso afirmación viniendo de mi hacia un tío que podía tumbarme de un puñetazo, tenia su gracia.
-Venga, Raclam. No me jodas. Tú y yo también las liábamos hace años. ¿Que tienes que perder ya?
-No se trata de eso; joder, ni siquiera bebo ahora, tío.
Él se sonrío, apoyándose en la pared para poder levantarse. Se empezó a dirigir hacia el bar, con pasos inseguros. Yo le aguanté por el brazo, y él se giró en una décima de segundo, amenazante. Luego, como si comprendiese de pronto que era yo el que lo había cogido, su cara cambió.
-Sólo quiero tabaco, y nos piramos. Llévame a la Feve, y quédate mis llaves. Por favor, tío.
-Eso esta hecho. Sube al coche y te saco el tabaco.
Entre en el bar, apuré mi cerveza mientras sacaba el vicio para Isaac. Gema se me acercó y me hablo al oído.
-¿Qué coño estás haciendo? No quiero que te vayas con ese tío. ¿Quieres volver a empezar o que te pasa?
-No se trata de eso, no lo puedo dejar entrar, ni irse con el coche así. Me los llevo y enseguida vuelvo. Todo va bien.
Ella me miró, como siempre. Me sonrió y me dijo que tuviese mucho cuidado. Luego arranqué el coche de mi amigo, y nos fuimos hacia la estación. Yo iba nervioso, porque sabía que aquel coche llamaba mucho la atención, y que aquellos dos tíos llevaban droga encima como para montar su propia farmacia. Al menos no he bebido, pensé. Aunque sabía que si nos paraban, íbamos a acabar esposados. Y yo tratando de explicar a los malos con cara de imbécil que no tenía nada que ver en aquel puto asunto. Y en esa ocasión sería la verdad. Enseguida un olor familiar me llegó a la nariz. Joder, lo que me faltaba. Volvone.
-Eh, tío. No me jodas que estás haciendo base. ¿Qué coño hacéis fumando base?
Se os ha ido la cabeza del todo, coño.
Manu seguía inconsciente en el asiento del copiloto. Isaac saco el albal de la cartera, y un bic del suelo. Enseguida le pego fuego, y los crujidos comenzaron a oírse. Y luego, el olor. El olor a la coca base apestando el coche entero. Todo apestaba a cocaína. Y yo conduciendo, con aquellos dos colgados, cruzando la puta ciudad.
-Nos hemos fumado 4 gramos desde anoche. Si nos lo metemos, no nos dura a este drogata y a mí ni tres horas. -Isaac me miraba con la cara descompuesta. Su voz era la de un borracho y la de un yonki juntos, lo peor.
-Yo no se como podeis seguir ese ritmo. La vais a liar un día, de verdad.
-¿Qué coño importa eso? Yo no le tengo miedo a nada. Ostias, creo que voy a potar.
En cuanto dijo eso, apartó a Manu, abrió la puerta del coche ( era un dos puertas ), y se puso a vomitar, sin parar el coche. Con medio cuerpo fuera. Miré a ver si venían coches detrás, y como no. Había uno solo. La policía.
-¡Tío, entra al puto coche!, están los malos detrás coño.
-Que les den. Isaac seguía potando, agarrado con una mano al asiento y con el brazo libre colgando fuera del coche, con el bolígrafo en la mano, como si fuera una chuta. Y los maderos detrás. Bueno, se acabó, pensé yo. Hay que empezar a dar explicaciones. Él acabó de vomitar, se metió dentro sin cerrar la puerta, y se pudo a buscar la cocaína de la cartera. Yo cerré la puerta como pude.
-¡Que están los malos detrás, joder!, deja la puta farla.
-Les invito a unos tiros – Isaac se reía, tranquilamente-, o sino que me multen. Para la colección. Abrió la guantera, saco un fajo de multas y las tiró por la ventanilla. Yo miré por el espejo, esperando a que los pirulos de la policía se encendiesen. Pero, en lugar de eso, dieron el intermitente, se desviaron en un cruce, y se fueron. Yo no podía creerlo. Él se puso a darle a la plata, tan tranquilo. Ni siquiera miró a ver si seguían detrás nuestro. Y yo no conseguía parar de pensar. Ni siquiera sentí alivio cuando la policía se fue. Solo sorpresa. Estaba triste, porque recordaba otros tiempos que no estuvieron del todo bien. Porque pensaba en la lenta huida hacia delante, tirada a la basura. Ahora, todo ese tiempo después, sigo igual. Los años han pasado, y todavía sigo sin saber en que dirección girar. Nada cambia, sólo tu cabeza y tu cara reflejando el cansancio que sientes. Lo miré por el espejo, dando una calada más y recostándose en el asiento. Sabía la rabia que había en su interior, me sentía identificado en ella. Isaac decidió combatirla así; yo ya ni siquiera tengo un método. Y ya he perdido la esperanza de encontrar uno propio.
La noche continuó, conseguí llevarlo a un hospital. Isaac intentó pegar al médico porque le hizo daño con los cristales clavados en su mano, y a los guardias de seguridad cuando llegaron para sujetarle. Nos echaron y nos largamos de allí. Ya casi amanecía, y le volví a preguntar por milésima si quería irse a casa.
-Si, tío, llévame. Tengo que cargar el camión a las nueve. Se puso contra el cristal, con los ojos en blanco, y se durmió.
Conduje hasta su casa, y cuando llegué, intenté despertar a Manu. Cuando lo conseguí, éste me miró con cara de sorpresa, mientras me decía:
-Joder, Raclam. Cuanto tiempo sin verte, tío. ¿Dónde coño te has metido estos años?
-Ni puta idea, tío –le dije- ni puta idea.
Y lo peor del asunto es que no la tenía, en absoluto.

Raclam Dante. 24-7-2006

1 Comments:

At 10:58 AM, Blogger Miada said...

No te engañes Raclam, no eres el mismo de entonces, ninguna huída hacia delante te deja en el mismo sitio, por muy mal que acabe la huída...

Un beso.

 

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